jueves, 10 de octubre de 2019

Sí, yo también vivo con depresión. Y ya no me avergüenza decirlo.

Se supone que hoy, 10 de octubre, es el Día Mundial de la Salud Mental. Sé que hay muchos temas de actualidad entre el tintero que podría tocar para abrir esta nueva temporada de mi, aunque no parezca, querido blog. Sin embargo, en una fecha como la de hoy, me resulta pertinente hablar de la salud mental desde la que, considero, es la más sincera de las perspectivas: la mía. 

Desde que vi el tráiler de Joker, la película protagonizada por Joaquin Phoenix, hubo una frase que llamó particularmente mi atención: La peor parte de tener una enfermedad mental es que las personas esperan que te comportes como si no la tuvieras


Y sí. A veces, más que por temor, por pereza a soportar el juicio de otros, me es más sencillo jugar a la princesa de hielo y negar que convivo muy de cerca con una enfermedad mental, mi propia depresión. Pero, con el tiempo, aprendí que así no ayudo a nadie, peor aún, no me ayudo yo. Esas dos razones son suficientes para exponer mi historia personal. Me libera y puede que tienda un puente para que otros que están pasando por una situación similar a la mía también se sientan libres de hablar de ello.

Seré breve, aunque concisa, al ilustrar mi caso. 

Tengo encima este tema desde que tengo memoria. De hecho, fue lo que me impidió ingresar al Merani cuando tenía seis años. Los psicólogos que me evaluaron argumentaron que tenía tendencia hacia la depresión y determinaron que, si estudiaba allí, a los 15 años iba a perder el apetito por la vida, porque ya conocía demasiado. Hoy en día, pienso que nos hicieron un favor, a mis padres y a mí, al recomendar que no entrara a ese lugar.

Luego vinieron los intentos de suicidio, el primero a los nueve años. Fue mi hermano quien lo impidió, y ese día me dedicó la versión en español de Wind of Change, de Scorpions, para demostrarme que siempre estaría ahí para mí. Fernando cumplió, hasta el último momento. 11 años después no soy capaz de escuchar esa canción.

De los demás intentos prefiero no hablar. 

No, la muerte de mi papá y mi hermano, los hechos que más dolor me han causado en estos 31 años de vida, no fueron la causa raíz de mi depresión, solo fueron el detonador para que me golpeara en la cara con toda la contundencia posible. Hasta ahí, había sido capaz de vivir dentro de los parámetros de lo que se considera normal. A partir de ese punto, llegó la desidia, el dormir demasiado, el dormir muy poco, el olvidar comer, el no querer hacer nada aparte de quedarme acostada en la cama navegando en Internet. Los demonios que me hicieron perder el tiempo en la universidad contra los que aún tengo que pelear.  

Ahora, a la pregunta del millón de dólares de si ya consulté con un especialista en el tema, la respuesta es sí, con varios. El veintiúnico psiquiatra al que me atreví a ver se limitó a recetarme una pastilla para el día y otra para conciliar el sueño en la noche. La del día me mantenía en un estado permanente de letargo y la de la noche acrecentaba mi insomnio. 

Con los psicólogos no me fue mucho mejor. Me topé con personajes que catalogaron mi situación como un “intento por llamar la atención” al que mi familia no debía darle demasiada importancia. Otros, me recomendaron encomendarme a Dios, y se escandalizaron cuando profesé no ser creyente. Es por ello que llevo bastante tiempo sin buscar de forma activa ayuda profesional. 

Sin embargo, desde hace varios años, lo que me ha sostenido en los momentos más oscuros es repetir como autómata el siguiente mantra. Sí, la muerte de mi papá me partió la vida en dos y la de mi hermano me puso al borde del hospital psiquiátrico, literalmente. Pero aquí estoy. Si ninguna de esas dos situaciones logró que me hundiera del todo, nada puede hacerlo. Nada. 

Por otra parte, me ayuda mucho asirme de lo que sí tengo y trabajar con ello para obtener lo que me hace falta. Recordar las razones que tengo para no desfallecer. Mi mamá, mis dos hijas perrunas, mis amigos y familia, mis metas y un largo etcétera. 

Por último, una que otra persona, de esas que no tienen la más remota idea de lo que conlleva vivir con una enfermedad mental, alguna vez me ha hecho comentarios absurdos, como que si no he sido capaz de superar las muertes en la familia, lo mejor es que me mate, así le hago un favor al mundo. No resisto por ellos, no lo merecen, pero he decidido que sus palabras me sirvan como motivación extra. Cada día que permanezco viva y en pie es un dedo corazón en alto en sus caras que me llena de satisfacción.  

Y hacerme esas mentales me ha servido. No he tenido un episodio de depresión preocupante desde hace cuatro años. Pero siempre he de estar alerta. Puede que, en algún momento de la historia, todo lo anterior no sea suficiente y termine reventando. Sin embargo, si han de confiar en mí en algo, que sea en que me esfuerzo todo el tiempo para que eso nunca llegue a suceder. 

Que quede claro que no pretendo, bajo ningún concepto, satanizar a los profesionales en salud mental por mis experiencias personales, mucho menos decirles que si están pasando por un momento duro no acudan a ellos. Al contrario. Si ven que la situación está demasiado complicada como para que la sigan afrontando solos, soliciten TODA la ayuda que puedan. Estoy segura de ser la excepción de la regla, de que en el camino se encontrarán con profesionales competentes que sí van a tenderles la mano, en lugar de incrementar su angustia.

Por otro lado, contar con el apoyo de nuestro círculo cercano es crucial. Ojo, que aquí no estoy diciendo que tenga que ser por obligación la familia de sangre. Si lo es, fabuloso, más lazos de los que nos podemos agarrar. Pero muchas veces nos topamos con que los familiares no están dispuestos a lidiar con nuestros líos mentales, pues están mamados de vernos caer u oír una y otra vez “el mismo cuento de siempre”, algo hasta cierto punto comprensible. 

Si ese es el caso, está la otra familia, la que nosotros hemos escogido, nuestros amigos. A veces, nos conocen más que la familia de sangre, y podemos soltar con ellos cualquier carga. Todos contamos con, aunque sea, un ser humano que nos comprende, que no va a pensar que otra vez estamos haciendo show, que somos muy débiles para enfrentar la vida. Es en ellos en quienes hemos de buscar apoyo.

A mi familia, la de sangre y la que elegí, aprovecho para agradecerle por aguantar junto a mí durante todo este tiempo, por su paciencia infinita. En algún momento les he de recompensar.

Si todo lo anterior fracasa, les pongo sobre la mesa otra alternativa: quien escribe estas líneas. Me pueden escribir a cualquier hora del día. No soy una profesional, pero les aseguro que no los voy a juzgar, no me voy a reír y mucho menos les voy a dar consejos genéricos de superación personal, salvo “mueva el culo y párese duro por lo que quiere en la vida”, si es que les sirve de algo. 

Y frescos, que tampoco les voy a contar mis desgracias pretendiendo que así se sientan mejor, para eso está este espacio. El punto es, por favor, no duden en acudir a mí o a cualquier persona o instancia que los haga sentir seguros para expresar lo que sienten. Por mi parte, prefiero escuchar diez mil veces la tracamanada de cosas que tengan por decir a enterarme un día de que perdieron la guerra. Vivos los quiero, mis valientes.  

Para concluir, a todos los que se siguen rompiendo el alma cada día por sobrevivir, a pesar de que la cabeza a veces sienta que no puede más, el mayor de mis respetos. Mi corazón está con ustedes en esta lucha, entiendo perfectamente por lo que pasan. Sí que lo entiendo.



Si les gustó este artículo y quieren ver más contenido, realizado exclusivamente para que sus ojos sangren y ustedes vomiten, comenten, reaccionen y compartan por sus redes sociales, o por donde les dé la gana. 

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¡Saludos! :)

domingo, 1 de abril de 2018

Anatomía de una fractura.


Esta no es la radiografía de mi fractura, pero hagamos de cuenta que sí.

Domingo 15 de enero de 2017, una salida a un bar de la ciudad como cualquier otra. Me vestí y me arreglé sin pensar que esa noche pasaría por una experiencia que marcaría mi vida hasta el día de hoy, al fin y al cabo, ¿quién iba a imaginarse que una fractura de tobillo sería el escenario en el que crecería de una manera tan impresionante?

Es para mí confuso explicar cómo carajos pasó, pues ni yo misma lo sé. El caso es que venía bajando unas escaleras cuando se me torció el tobillo y por no irme de jeta caí con todo el peso de mi cuerpo sobre él. Cuando intenté seguir caminando, no pude hacerlo, no podía apoyar el pie, entonces me llevaron al sitio de emergencias del bar, pero no me remitieron a ninguna parte porque no tenía servicio de salud y me fui a casa.

Mi mamá llegó dos días después, me revisó y fue ella quien se dio cuenta de que había sido una fractura, que era importante hacer algo al respecto, yo juraba que era un esguince y que a los ocho días estaría perfecta. La verdad, odio los hospitales, pues hasta ese entonces cualquier persona de mi familia que entraba en uno no salía vivo, salvo mi mamá cuando le han tenido que hacer cirugías, por eso me negaba rotundamente a ir.  

Para que me pudieran atender, una tía pidió una radiografía para que un ortopedista amigo de ella supiera qué estaba pasando, fuimos a un centro médico y el radiólogo confirmó lo que mi mamá ya sabía: “he visto fracturas feas, horribles, y la suya”. A correr por urgencias al hospital más cercano.

Durante dos años que estuve trabajando como independiente, nunca aporté a salud y pensión porque, como muchos de ustedes han podido evidenciar, el servicio de las EPS es una reverenda porquería. Entonces, cada vez que me enfermaba, prefería llamar a la droguería y que me llevaran las medicinas a la casa a soportar quién sabe cuántas horas en una clínica a ver si les daba la gana de atenderme. Por desgracia esta vez mi enfermedad no se curaba con inyecciones. Tuvimos que hacer un trámite bastante engorroso para que pudieran darle atención a mi fractura, aún así tuve que bajarme de cierta cantidad de dinero para pagar mi estadía en tan lujoso hotel.

A lo largo de mis primeros meses de recuperación, estuve completamente sola. Mi única ventana al mundo era mi computador, que en abril, precisamente el día de mi cumpleaños, se dañó. Hubo personas a mi alrededor en algunos momentos, pero en el día a día mi único contacto con ser humano alguno era con los que me llevaban los domicilios. Como no podía levantarme de la cama, para poder comer y fumar tuve que inventar un sistema un poco rudimentario: una bolsa con una cuerda que bajaba por mi ventana con el dinero y subía con el pedido y las vueltas. Ahora lo recuerdo con cierta gracia, pero fue complicado, sobre todo porque así comprendí, a los golpes, que la soledad no solo equivale a libertad, sino a que cuando me encuentre en una situación jodida, solo podré contar conmigo misma.

Hay alguien a quien debo agradecer de una manera especial, el doctor F., quien realizó mi cirugía. No solo por eso, también fue pieza clave en mi recuperación cuando en un momento llegué a pensar que estaría condenada a usar las malditas muletas toda la vida. Muy amablemente estuvo atendiendo mi progreso sin cobrarme un solo peso, además me devolvió la confianza para dar los primeros pasos sin el apoyo de las muletas, pues un poco por pereza y otro tanto por miedo no había querido soltarlas, hasta que en junio lo hice finalmente. No sé si vaya a leer esto, pero gracias, doctor.  

Hasta hoy no puedo decir que estoy recuperada por completo. Todavía me cuesta mucho bajar escaleras como antes, me da pavor pensar que me puedo volver a caer, no sé si en algún momento de la historia lo voy a superar del todo. También siento mucho dolor todavía, lo que a veces hace que no camine del todo bien y cojee. Ignoro si es normal, estoy esperando que me valore un especialista para que me dé luces al respecto, ya que ahora sí tengo servicio médico.  

La parte emocional va mejor. Ya no me pregunto por qué me pasó eso, sino para qué, y creo que soy muchísimo más fuerte después de esta experiencia. Eso sí, espero que jamás me vuelva a suceder, porque esa sensación de inutilidad, de no poder valerme por mí es algo que nunca quiero volver a experimentar.

Seguiremos informando.


Y aquí viene el aviso parroquial. Si leyeron este mamotreto, cuéntenme cómo les pareció y si debería volver a escribir en este cochino blog con regularidad, ya saben que pueden comentar por acá, por facebook o por donde les dé la gana.

@GeTagliaferri
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martes, 2 de agosto de 2016

La Blanquita.

Hace casi una semana, murió una de las personas más importantes de mi vida, mi abuela. Este es un escrito que alguien de la familia me pidió para leerlo durante su despedida, pero más que eso, mi alma me pedía que me despidiera de ella de la manera que yo más sé, quizá de la única forma que puedo hacerlo.

Nunca se llegó a leer durante su sepelio, por eso hoy quiero compartirlo con ustedes.


Dicen que el amor verdadero no existe, que es puro cuento, fantasía barata, pero hoy quiero demostrarles lo contrario contándoles un relato que, para mí, ha sido una de las historias de amor más hermosas que he conocido en toda mi vida y de la que tuve la fortuna de hacer parte.

Hace muchos años, un par de muchachos se conocieron en un pueblo, y empezaron a salir pensando, cada uno por separado, que su relación era cuestión de unos días. Ingenuamente creyeron que solo pasarían unas vacaciones juntos y que después jamás volverían a verse.

Lejos estaban de imaginar que las vacaciones les iban a durar más de 50 años, en los que se casaron, formaron un hogar, vieron crecer juntos a sus hijos y luego a sus nietos.

Durante todo este tiempo Manuel Ríos y Blanca Cifuentes nos enseñaron a todos los miembros de su familia qué significa tener un matrimonio feliz. Era más que evidente el amor y la devoción que sentían uno por el otro, era hermoso ver que se comportaban como si siguieran siendo novios, que se tomaran de la mano como dos adolescentes, cuán dichosos eran compartiendo todo su tiempo juntos y la forma en que les seguían brillando los ojos al ver al otro como la primera vez.

No hay una fórmula perfecta para hacer que un matrimonio funcione, pero con lo que aprendí viendo a mis abuelos, pienso que todo se basa en el respeto por el otro, el no levantarse la voz, el no proferir malas palabras ni insultos, el no discutir frente a los hijos a pesar de las desavenencias. Los abuelos pueden tener ahora la satisfacción del deber cumplido, porque sus hijos, cada uno en su núcleo familiar, han podido reproducir lo que aprendieron en su casa paterna, porque los educaron con el ejemplo.

Nuestro abuelo se fue hace nueve años, y muchos pensaron que la abuela, por el gran dolor que le causó perderlo, solo estaría aquí unos meses, pero no. De algún modo, la abuela tenía que quedarse más tiempo con nosotros para poder conocer y ver crecer a los nietos y los bisnietos que vendrían después de la partida del abuelo.

Ellos, quienes no alcanzaron a conocer al abuelo, tuvieron la dicha de disfrutar a la abuela, esa viejita querendona y alcahueta, la que permitía que hicieran lo que quisieran, la que los dejaba ser. Así mismo nosotros, los grandes, pudimos compartir muchas cosas con ella y construir recuerdos invaluables, en mi caso las risas, las charlas de adultas, los consejos sobre relaciones de pareja y más.

Nuestros abuelos nos dieron el mejor regalo que nadie más hubiese podido darnos, nuestros padres. Sin ellos, no estaríamos aquí.

Hace dos días la abuela por fin se reunió con el amor de su vida, su viejo. Se les cumplió el sueño de volver a estar juntos. Y seguramente, donde quiera que estén, hay una gran fiesta, de la que todos nuestros seres amados que se nos adelantaron, como mi hermano, mi padre y mi bisabuela, están participando y alegrándose con ellos.

Eso no quiere decir que no nos duela profundamente que la abuela ya no esté, pero es en estos momentos cuando no podemos olvidar lo que nos inculcaron nuestros ancestros. Es tiempo de dejar atrás cualquier rencilla que tengamos y unirnos más que nunca, porque solo así seremos capaces de sobrellevar este trago amargo y seguir siendo la familia que mis abuelos formaron, tuvieron y estoy segura quieren continuar viendo en nosotros.

Les aseguro, familia y amigos, que podemos sentirnos felices porque tuvimos a la Blanquita, la consentimos, le dimos gusto, la rodeamos de todo el afecto que siempre nos ha inspirado, y así todos pudimos decirle y demostrarle en vida lo mucho que la adoramos.

Y hoy, tomando la vocería de todos los que hoy te rodeamos, quiero decirte, abuela, una vez más que te amamos, que siempre llevaremos tu recuerdo en nuestros corazones y en la mente lo que nos enseñaste junto al abuelo.

Hasta siempre.

martes, 24 de noviembre de 2015

De los malos polvos líbrame señor.

Yo siempre he pensado que en realidad una persona por sí misma no es un mal polvo, sino que lo que pasa es que uno no siempre se va a entender con todas sus parejas en la cama, es decir, quien con usted fue un fracaso en la intimidad puede que con otra persona sea la reencarnación de Nacho Vidal. Sí, eso es posible, pero lo que es innegable es que hay acciones durante el sexo que resultan ser muy molestas y llegan a tirarse todo, hasta una relación de años, de eso nos ocuparemos en este post.

Para que no digan que soy una feminazi espantosa que piensa que los hombres tienen la culpa de todo, también les hablaré de las cosas horribles que hacemos las chicas a la hora de tirar.

Si usted cumple alguna de estas características, fresco/a, no está tan mal, pero considere revisarlas. Ahora, si varias se ajustan a su perfil, he ahí la causa por la que está en ese verano tan berraco y su pareja no quiere nada de nada, vaya donde un sexólogo urgentemente. El orden de estas no altera el resultado, usted es un mal catre.


Un tipo mal polvo se caracteriza porque…

1. Cree que el cuerpo de una mujer se compone únicamente de senos, culo y vagina. Así que cuando le entran las ganas, le toca una teta a uno y cree que con eso ya uno está listo para la acción. A ver, señores, a estudiar un poquito más la anatomía femenina, frescos que no es física cuántica.

2. Piensa en todos sus encuentros como si fueran un quickie, lo cual no está mal en ciertas ocasiones. El problema con este tipo es que pareciera que nunca aprendió que hay que precalentar el horno antes de meter el pan.

3. Le mete música inmunda al asunto. Hermano, si a su novia no le gusta el reggaetón, deje de creerse Dalmata en pleno perreo y más bien escoja un género musical que disfruten los dos. Porque contrario a lo que los videos de Daddy Yankee le quieren hacer creer, no a todas las viejas nos calienta el reggaetón en plena acción… o bueno, por lo menos a mí no.

4. Le importa cinco el orgasmo de su acompañante, y si se viene antes que ella no busca ninguna manera de hacerla llegar. Hombre, sea creativo, la lengua no solo sirve para hablarle mierda a esa pobre mujer.

5. Considera que los pezones son como esos botones que cambiaban la emisora en los dispositivos antiguos, entonces se ponen a jugar a cambiar la estación. Peor aún, los que piensan que los pezones son gomitas comestibles. Ahora, hay viejas que disfrutan esto, pero mientras usted no lo sepa, sea delicado pues es una zona muy sensible, y usted no quiere que ella lo mande al carajo por dejarle los pezones resentidos una semana.

6.  Quiere ser el jefe, entonces el sexo se convierte en una dictadura donde él es el gran señor y los deseos de su pareja le importan un carajo. Por ejemplo, si él quiere hacerlo por el culo y ella no, la insulta, la chantajea o la obliga. Esto es un gran no, si quiere algo, sépalo pedir, y si su chica se niega, deje de joder.

7. Se viene en cinco minutos, y en muchas ocasiones antes de meterlo. Hay que aclarar que uno entiende que si usted ha tenido un verano muy largo, puede emocionarse y convertirse en “rapidol”, lo imperdonable es que esto ocurra SIEMPRE, y que después del primero no se le vuelva a parar.

8. No fue al gimnasio ese día y quiere quemar esas calorías con uno, entonces parece padecer de epilepsia en la pelvis, para que me entiendan, lo coge a uno como si fuese un conejo. Slow it down, please, que esto no es una carrera a ver quién llega más rápido.

9. Pretende que su chica le haga el blowjob de la vida cuando él ni siquiera ha considerado la posibilidad de “bajar al pozo”. Recuerde que esto se trata de dar y recibir placer, pues usted no se está comiendo a una prepago.

10. Se cree estrella porno, entonces le suelta a uno el arsenal de frases que escuchaba en Emanuelle. Un poco de dirty talk puede ser muy excitante, pero no se sobreactúe.

11. Se cree Tarzán de vereda y no se preocupa por depilarse, o por lo menos, bañarse. No hay nada más mata pasiones que el mal olor en “aquellas partes”.

12. Denigra el aspecto físico de su pareja en la intimidad, con frases como “estás gorda”. Buena, idiota.


Una vieja mala en la cama se caracteriza porque…

1. Jamás toma la iniciativa, todos los encuentros sexuales debe iniciarlos su pareja. Entonces, el pobre tipo piensa que a ella no le interesa ni cinco el tema. Si usted quiere tirar con su pareja, dígaselo, lo más probable es que la arrastre a la cama más cercana.

2. No habla de lo que le gusta y lo que no en la cama, tal vez porque le da vergüenza expresarlo. Señorita, su arremuesco no tiene una bola de cristal ni se gana la vida como adivino.

3. Finge orgasmos, y la está cagando hasta la pared del frente porque entonces ese man cree que está haciendo todo de maravillas, y seguramente no.

4. No se preocupa por su presentación personal, no se depila, ni se baña, ni pasa un cepillo por su cabeza. No le estoy diciendo que cada vez que se vea con su novio vaya vestida como para un cóctel, pero arreglarse un poquito no le cuesta nada, y suma puntos si usa lencería sexy, deje los calzones de su abuelita para sus tardes de ocio.

5. Es vaca muerta, por lo que al pobre cristiano le toca hacer todo. Insisto, esto es un toma y dame.

6. Le da pena que la vean en bola. Mija, esto no es un concurso de modelaje y mucho menos Miss Universo, a su novio no le importan sus llantas ni sus estrías, si el tipo quiere estar con usted es porque le gusta tal como es, no sea boba.

7. No se preocupa por estimular al “amigo” de su pareja. No ahondaré en esto porque creo que ya entendieron.

8. Para al tipo en seco antes de que llegue al orgasmo. Recuerde que la satisfacción de su pareja es tan importante como la suya.

9. Pretende hacer el amor con música romántica de fondo, y la verdad es que la mayoría de los tipos y viejas brujas como yo, lo que menos queremos a la hora del té es escuchar a Celine Dion, a Bryan Adams, a Ricardo Arjona o a Yuri. Si quiere poner música, sea más creativa y no sé, métale trip hop a la cosa, su pareja se lo agradecerá. Si me inspiro lo suficiente, un día de estos les regalo un playlist con música para tirar.   

10. Le dice a su pareja que lo tiene chiquito, o le pone apodos femeninos a su miembro como “Princesa Sofía”. Como lo pudo ver en How to Lose a Guy in 10 Days, si lo que quiere es bajarle la moral a su novio, con eso la saca del estadio.

11. Lo hace con todas sus porcelanas, peluches y demás encima de la cama. Hermana, quite todo lo que se pueda romper o dañar para que pueda descualquierarse a gusto.


Lo peor de ser mal polvo es que no solo le daña el rato a su pareja, sino que usted tampoco disfruta su sexualidad como debería ser. Así que espero que este post le sirva como diagnóstico para corregir esas pequeñas embarradas y sea capaz de tirar como un crack. Si se me pasó algo por mencionar, me encantaría que me lo hicieran saber comentándolo por acá, por Facebook o por donde les dé la gana.


miércoles, 11 de noviembre de 2015

El caso de "o te pasas a la nocturna, o te vas".

Esta es una carta que mi mejor amigo me escribió un tiempo después de que en el colegio injustamente lo mandaron a la jornada nocturna como si fuese un paria, hecho que siempre lamenté. Me parece bonito compartirla con ustedes porque fue escrita desde su perspectiva, él mismo me autorizó a ponerla aquí. Luego les daré la mía, aunque tal vez no sea tan larga. Al ser un escrito realizado por otra persona, no me responsabilizo por lo que allí se expresa, pues yo solo me tomé la libertad de publicarlo.

Sí, obviamente me pusieron a tomar drásticas decisiones, ya no había nada qué hacer. Pava, Jeison y yo teníamos las patas por fuera del colegio, después de que Filiberto nos botó por la puerta grande esa tarde. Para remediar todas nuestras cagadas, por parte de la rectora además de estar expulsados por una semana entera, que parecía ser felicidad para nosotros, tuvimos que ir a prestar horas sociales, nosotros cagados de la risa lo tomamos como lo más casual, pero no todo fue color de rosa.

Todo comenzó el lunes 28 de julio de 2003, de 7:00 am a 3:00 pm con repetición continua hasta el 1 de agosto del mismo año en la emisora Santa Bárbara, bendita sea y bárbara por todo el hijueputa polvo que tragué limpiando ese maldito estudio, con todo y consolas. Lo mejor de todo fue que hice el show y dije que era alérgico al polvo, pero como ya sabrás el pedestal donde queda esa emisora, qué mejor que conocer esa puerca y vieja casa a punto de caerse. No me tomé sino una hora, después de haberme fumado unos cuantos cigarrillos por allá arriba donde cagaban las palomas, el resto del tiempo no sabía qué hacer. Me dieron ganas de hacer pipí, pregunté dónde quedaba el baño y el idiota al que le pregunté lo más prevenido saca un rollo de papel higiénico y me hace la pregunta más ceba y bizarra, “¿va a hacer del cuerpo?”, yo solo miraba al man con el que estaba como diciéndole “¡¿a ver?!”, me provocaba darle una patada en las güevas.  

El miércoles 30 en bomberitos me hallaba limpiando, barriendo, trapeando y recogiendo todas las hijueputas hojas secas de toda la estación, incluyendo la mierda de los seis patos que allí habitaban junto a la bombera machorra y cacorra y el otro bomberito chocho y gruñón, te doy cuanto quieras que ni un fósforo apagaban ese par.

El jueves 31 organicé folios de expedientes casi todo el hijueputa día en la comisaría. Lo mejor de todo fue que pude chismosear unos cuantos problemillas que azotan a los personajes de este pueblo de mierda, leí tantos que ni para qué te cuento, porque aunque parecía agradable nunca saqué las 15 cajonadas llenas de hojas, hojas, hojas y más hojas. La verdad no me explico cómo no se me ocurrió pasarme el borde filudo de una de ellas por mis venas ese día.

Hasta ahí, normal, porque cuando me tocó ir ese mismo jueves a educación especial no pude casi que ni tocar la puerta de esa institución, de todos los gritos y chillidos que allí se escuchaban desde la calle. La verdad me dio escalofrío, pero me armé de valor y toqué la puerta. No más de entradita la coordinadora me hizo vestir la camisa, diciéndome que me despojara de mis brazaletes punk porque supuestamente infundían violencia, y que no le parecía que los niños me vieran con eso puesto, ¡ay, no pues, qué trauma!, vaya a ver cómo lidia con ellos. Bueno, igual allá reí y me la gocé un poco, más bien muchísimo, ya sabrás por qué. La verdad quise tirármelas de cucho, pero fue imposible porque no cogen una mosca muerta. Después de una hora ya no sabía qué hacer con todos esos chicuelos, ¿a ver? El gesto más tierno fue el de uno que se sacó el liberal de su boca humedecido entre babas y leche para ofrecerme de comer, y yo “no, gracias, ya comí”.

Para terminar y completar, todo por una puta capada de izada de bandera que supuestamente fue anunciada con los nombres de Luis Enrique Pava y César López por todos los hijueputas parlantes del colegio y que nosotros nunca escuchamos. Me acuerdo de haber estado los tres al pie del laboratorio de física, segundo piso, en plena gaminería supuestamente estudiando para historia.

Rematamos la dura semana de “recapacitación” en el grupo de oración cristiano Damitas Corazón, ¡uy no, qué gay!, apuesto que Roscael saltaba en una pata. Por si te acuerdas, el grupo lo lideraba la mamá de Nina y el pastor de la iglesia Tabernáculo de la Fe, de donde es oriundo Cimientos, sí, la banda góspel de Pipo y Gabriel, sin ser precario. Bueno, ya sabrás que me dieron caldo de palabras alusivas a lo evangélico y a lo bien que me iría en la vida si seguía el camino de ellos, como dicen por ahí, nadie es profeta en su tierra y maldito el hombre que confía en el hombre. Obviamente querían lavarme el cerebro disimuladita e indirectamente, hasta que de grosería dije que solía andar por los caminos de la anarquía, y se miraron estos dos personajes a la cara como diciendo “nada qué hacer”. Igual, ni me valió, tenía afán de irme. Lo único rescatable es que la mamá de Nina cocina muy rico. Hasta que cogió las llaves del portón de la villa en la que viven y me dejó libre diciéndome “vuelve cuando quieras” y yo “sí, claro”.

Lo único que sé es que salí corriendo ese día con afán para nada, porque no podía perderme el cine taller de Lars von Trier sobre la película Dancer in the Dark. Como ya sabrás, de descarado llegué a la casa a cambiarme con rapidez para largarme a Bogotá y verme con Natalia en la Virgilio Barco a eso de las 3:00 pm. Se acercó mi cucho y me preguntó que para dónde iba, con las palabras entrecortadas le dije que a Bogotá a un cine taller. Un gritado ¡NO! fue más que suficiente para arruinarme todo, cosa que no le perdoné. Después Natalia me llamó para decirme que paila, que no pudo entrar porque la biblioteca estaba tetiada de gente, la berreadera y la alegadera fue en vano.

El lunes 4 de agosto nos citaron de nuevo en rectoría supuestamente para ver los resultados y poner las cartas sobre la mesa, mejor dicho, para por fin descabezarnos. Antes de esto Roscael nos citó en su oficina para entregarnos nuestras carpetas, de las cuales solo aparecieron la de Jeison y la mía, la de Pava no aparecía por ningún lado. La frase resumida para dar calma a la situación fue “ay, gordo, no encuentro tu carpeta”, olímpica, con cagada de risa y todo.

Esa fue una, porque la otra fue arriba en rectoría ya sentados con nuestras mamás ahí presentes, como cuando están juzgando a alguien por un delito que nunca cometió, en frente de Concha, Roscael, Filiberto, Jacqueline, Sandra la psicóloga y otro lagarto colado por ahí. Se me olvidaba su eminencia doña Margarita, god save the queen, quien utilizó con finas y delicadas palabras de su más precario repertorio la siguiente frase que en todo lo que me queda de vida nunca pero nunca se me olvidará:

- ¿Y ustedes qué quieren?

Obviamente la fijada de miradas entre Pava y yo fueron inmediatas, pero le dieron tiempo de continuar:

- ¡No me pidan un carro!

Mira, la cagada de risa en la cara de esa vieja dejó mucho qué desear, hasta ahí habíamos tocado fondo.

Las opciones a escoger eran las siguientes: clases a distancia en la jornada nocturna o que nos echaran del colegio. La verdad no había mucho para elegir, igual las clases a distancia no me sonaban de a mucho, me parecían un complique, una mamera. Que me echaran del colegio ni decir, estaba pendiente de un hilo con mi cucho. De hecho, ya sabrás que por obligación si quería seguir andando vivo en ese colegio tenía que aullar de noche, y me tocó. Nunca lo había hecho, pues bacano experimentar, y así fue, que quede en secreto.

Igual, aquí estoy vivito y coleando, triunfante, no me pasó nada, pero les demostré que conmigo paila porque no les di el gusto de que me vieran arruinado como un vil perdedor. La verdad son cosas que le pasan a uno por güevón, pero me deleito recordando estas experiencias irrepetibles que me dejó el colegio y que, cada vez que me acuerdo de todas, no hago más que chuparme los dedos del sabor de cada una de esas embarradas que uno cometía cuando estudiaba.

Bueno, esa fue mi recordada historia a lo neosawyer, la que más me marcó, no hay necesidad de preguntarte si me crees porque sabes que fue así.

Espero dentro de unos años más adelante escribir un libro, la verdad por si no sabías es una de las cosas que más me gusta hacer, y no me da mamera, antes me da gozo, escribir es relajante. Sé que no soy el mejor en este ámbito y que estoy muy crudo hasta ahora, pero por algo se empieza. Ahí verás si te quieres sumar a ese asunto, un buen libro de los dos no sería mala idea, sería como un rompecabezas uniendo todas las piezas vividas.


Azazel.

jueves, 8 de octubre de 2015

Estupideces que hacemos por amor.

Puede que usted sea la versión chibchombiana de Miranda Hobbes (antes de Brady, por supuesto), pero ha de admitir que al menos una vez en su vida se enamoró, o creyó estar enamorada, lo que para el caso es lo mismo. No me dejará mentir cuando afirmo que todas nosotras hemos cometido uno que otro “pequeño errorcillo” (eufemismo para tremendo cagadón) cuando de demostrarle afecto, o no, a nuestra pareja se trata. Y lo peor es que usted no quería abrir al man, sino que hizo todo con conocimiento de causa. 

Como en este cochino blog nos encanta burlarnos de sus desgracias (y de las nuestras, claro está), en esta ocasión queremos regalarle una lista de las peores estupideces que TODAS hemos hecho por amor. Aquí se la dejamos para que se acuerde, diga mea culpa y se dé golpes de pecho, o en el mejor de los casos, se ría de usted.


1. Involucrarse demasiado rápido. ¿No le ha pasado que conoce a alguien y usted solita empieza a armarse unos videos impresionantes en su cabeza cuando el tipo ni siquiera ha pensado en invitarla a salir? Aunque claro, no ayuda mucho si el personaje le colabora con el delirio haciéndole promesitas que ni la abuela de los Power Rangers se cree. No llevan ni quince días saliendo y ya se aman y se van a casar. Ay, por Dios. Ahora, todos conocemos la historia de la pareja que se enamoró en menos de nada y son muy felices hasta el día de hoy, pero no se confunda, mi querida amiga. Ellos son la excepción, nosotras somos la regla.

2. Hablarle como retrasada. Sí, le estoy hablando a usted, señorita que le puso un apodo cariñoso a su novio, tanto que el tipo le ha rogado de todo corazón que no le diga así en público. O a usted, la doña que edulcora su voz cuando está con él a tal punto que ya no es agradable y parece un pitido. Suficiente ilustración.

3. Dedicarle canciones impublicables. Ni modo. Cuando usted está poseída por el espíritu del amort, hasta la canción más ñuca le recuerda al personaje en cuestión y le dibuja una ridícula sonrisa en la cara que hasta el busetero la ve con cara de WTF. Entonces, melodías que hasta hace unos meses le parecían bazofias detestables como “sabes que estoy colgando en tus manos” hoy le parecen lo más hermoso del mundo. Y luego va y se las manda al tipo por Facebook, en privado para que nadie se dé cuenta de la dudosa calidad de sus gustos musicales. Lo peor es que si el susodicho está tan llevado como sumercé, quedará encantado. Ay, Jebús.

4. Dedicarle canciones que no se le regalan ¡A NADIE! Es muy común, sobre todo cuando uno tiene poca experiencia sentimental, andarle dedicando al tipo cuanta canción bonita de amor se acuerda que existe sobre el planeta Tierra. En el momento, no le ve nada de malo, el problema viene cuando usted se la ha pasado seis meses de su vida desperdiciando las canciones más desgarradoras en un filipichín que solo se ha limitado a decirle en todo ese tiempo que “no está preparado para algo serio”.
Nota mental: reservar Venus, de AIR, para un chico verdaderamente especial.

5. Revisar su WhatsApp cada cinco minutos a ver si al gamín ese le dio por acordarse de usted, así sea para mandarle un meme de esos que de tan poco chistosos dan lástima. Y otras maneras de ser intensa que usted ya conoce y no me hace falta mencionar.

6. Quedarse hablando con su novio en el chat hasta las 3 am acerca de ABSOLUTAMENTE NADA. Porque, como diría mi viejo, “bueno es culantro, pero no tanto”. Ese es un valioso tiempo que usted jamás en la vida va a recuperar.

7. Imaginarse cómo serían sus bebés en caso de tenerlos con “la cosa esa”. Dejémonos de pendejadas. Aquí no importa si usted quiere o no tener hijos, hermana. Si está con una traga de aquellas, sus ideas feministoides de “yo no necesito un hombre para ser feliz” se verán poco a poco y sin que se dé cuenta modificadas por imágenes idílicas de la casa soñada, el marido perfecto, los dos hijos y el gato, con música de Corín Tellado de fondo. En un caso muy extremo, incluso ya bajó la aplicación que une su foto con la de él y le da una idea estimada de cómo será su bodoque. Si ya lo hizo, desde este espacio quiero rogarle un favor: NUNCA, JAMÁS le muestre esa imagen a su peor es nada. No le haga ese mal.  

8. Rogarle al tipo. Pedirle más cuerda a alguien que claramente ya no está interesado en usted no solo es estúpido, sino es un atentado a su dignidad. Si se le hacen conocidas frases como “no tengo tiempo”, “tengo mucho trabajo”, “necesito enfocarme en mis proyectos”, “me voy a la punta del mundo en unos meses” ¿qué hace ahí? Querámonos un poquito, ole.

9. Llorar. Sí, esto desahoga y hace que uno eventualmente se sienta mejor, pero, ¿por qué reaccionar así frente a cada cosa que diga o haga el sujeto ese? Peor aún, el llanto anticipado ante la posibilidad de terminar. Ahí está usted, berreando como magdalena mientras el otro de seguro está cagado de la risa pensando que aquí no pasó nada. Un consejo: si tiene que hacerlo al frente de él, si ya le tocó, procure tenerle la suficiente confianza como para prever que el día de mañana no se lo vaya a echar en cara.

10. Quedarse ahí cuando es evidente que es mejor echarle tierrita al asunto.

Para el final les dejo la que, a mi juicio, es la peor tontería de todas. Tener miedo a involucrarse. Porque puede que a usted le hayan roto el corazón ene mil veces, pero tenga en cuenta que no todas las personas somos iguales, si así fuera, ¿cuál es el chiste en escoger?. Ojo, que no le estoy diciendo que se le bote en plancha al tipo a la primera, sino que baje la guardia un tris. El pobre hombre que acaba de llegar a su vida no tiene la culpa de todo lo que le hicieron el resto de chiflamicas, así que quítese los guantes y pásela rico mientras este no pele el cobre. Si la vuelve a embarrar, ¡qué carajo! nadie le quita lo bailado. Y si se enamora y vuelve a hacer estas tonterías, fresca, no se sienta mal, góceselo mientras la haga feliz.

sábado, 14 de febrero de 2015

Banda sonora para una tusa.

En el nombre de cada una de las canciones encontrarán un link para que las escuchen una por una. Si les da mucha pereza, al final del post está la lista completa en Spotify, salvo Song to Say Goodbye, de Placebo.

Es bien sabido por ustedes, los lectores de este vomitivo blog, que acá no es mi costumbre hablar del amor de una manera romántica, con corazones, flores y demás. De hecho, siempre he sido un tanto cínica al respecto. No crean, yo también tengo sentimientos, aunque me parezca una pérdida de tiempo demostrarlos. Lo que pasa es que mi historial con el amor no es precisamente el más idílico, todo lo contrario. Pero este post no pretende echarle sal a mis heridas, ni exhibirlas ante ustedes.  

Mi intención es utilizar todo ese conocimiento en materia de metidas olímpicas de pata para que juntos celebremos (o nos defequemos en) el día de San Valentín. No voy a perder mi tiempo en discusiones estúpidas como si es una fecha comercial, o si es una costumbre gringa. No es mi problema. Ustedes verán qué festejan y en qué gastan la plata, para eso están grandecitos. Lo que sí está claro es que no todos están en condiciones de unirse al festín, porque están despechados. Por eso les he traído, desde las cloacas de mis decepciones amorosas (y las de mis amigos), una lista con canciones perfectas para la tusa, para que disfrutemos de esta alegre fecha como más nos gusta, con música.

La he dividido por etapas, porque no en todos los momentos del despecho nos damos palo con las mismas canciones. Ahora sí, dense gusto cortándose las venas.

Escuche nuestra playlist bajo su propio riesgo, en este sitio no se responde por suicidios. Y por favor, no se le ocurra llamar a su ex borracho/a para ponerle (mucho menos cantarle con voz aguardientera) ninguna de estas canciones. Tenga dignidad.

1. Lo/a van a echar.

Creo que todos en algún punto del camino nos damos cuenta del “repentino” desinterés de nuestra pareja hacia nosotros, tenga nombre propio o no. Ni que viviéramos en Narnia para no ver lo que es evidente. Y lo peor es que en vez de salir corriendo como si fuese la peste bubónica, aguantamos estoicamente todo lo que a esta persona se le ocurra hacernos. Por “amor”, por costumbre, por no quedarnos solos, o porque, como diría Ricky Fitts, nunca hay que subestimar el poder de la negación. Pues bien, mis queridos miserables, si les están aplicando el punto cinco de nuestra famosa guía para asesinar una relación, abran los ojos, los están aburriendo para luego mandarlos al carajo. Así que ya pueden empezar por acá.   

Jewel - Foolish Games
Si está en el mismo cuarto que la cosa esa y se siente más solo/a que Adán el día de la madre, cante esta canción a grito herido en la ducha.

Aquí está la tonada precisa para la negación, con frases como “no puedo creer que este sea el final”, “parece (es) como si estuvieras dejándolo ir” y “si es real no lo quiero saber”.

The Cranberries – Promises
Es en este punto donde se pregunta, si hace nada me estaba diciendo que me amaba, que íbamos a tener una casa grande con dos hijos y veinte gatos, ¿qué carajos pasó? “Ooohhh, todas las promesas que rompimos, todas las palabras vacías y sin sentido que dijimos”.

Muse - Muscle Museum 
No falta el guache que juega con nuestros sentimientos, que nos toma y nos deja cuando quiere. Para este espécimen, el papacito de Matt Bellamy le tiene una frase: “yo no quiero que me adores, no quiero que me ignores, cuando te plazca”.

Esta es infaltable, sobre todo cuando el personaje ya le ha echado varias veces. Entonces, parado/a en la raya, usted le dice: “así que corre como siempre, no mires atrás, lo has hecho ya, y la verdad me da igual”. También es buena para desahogarse en karaoke. Pero, por caridad, aléjese del celular.   

2. Ahora sí, llore con confianza.

Ya ha pasado lo inevitable. Rogó, lloró, suplicó, hizo lo imposible y no sirvió de nada. Le dieron una patada en el culo y le mandaron sin escalas a la Patagonia. Y gracias a la divina providencia ya comprendió que no tiene nada más que hacer. Entonces, siéntase libre de llorar a moco tendido con estas canciones.

El juego de palabras es sencillamente genial. “You make me come, you make me complete, you make me completely miserable”. En español, “tú me haces venir, tú me haces completa, tú me haces completamente miserable”.

A pesar de ello, extraña al/la susodicho/a. Pero, a pesar de eso, “no volveré, sé que seré parte de la tierra en que te amé”.

Esta canción resume todo lo que a estas alturas ha de estar pensando sobre el amor, el sobrevalorado amor. “El amor es un animal salvaje, respira sobre ti, te rastrea, anida en tu corazón roto y va de caza con besos y velas”. El final es lo mejor, “por favor, dame veneno”.

En este momento usted está de un bipolar insoportable. Piensa que el amor es una mierda pero sigue extrañando a su peor es nada y le canta “en espera de que vuelvas y tal vez vuelvas por mí”. Le tengo noticias, eso no va a pasar. Si pasa, recuerde que las segundas partes nunca son buenas. Y las terceras menos.

Apenas para cuando después de pensarlo mucho, ha caído por fin en cuenta que toda su relación no fue más que una farsa.

3. "La culpa es mía, soy un/a fracasado/a perdedor/a".

Usted lleva semanas y meses repasando todo lo que pasó, desde que su pareja se alejó hasta que por fin le terminó. Y hay un punto en el que llega a la “brillante” conclusión de que fue su culpa. Piensa que a pesar de que no fue su intención, tal vez hizo algo para que dejara de quererle (si es que alguna vez le quiso), dejó de hacer lo otro, en fin. La cosa es que, por más explicaciones o falta de cojones de su ex, jamás entenderá del todo el por qué. Y echarse el pato por todo a veces es más fácil que reconocer que se equivocó al elegir, y que esa persona a la que idolatra es solo un ser humano más.   

Esta canción resume perfectamente lo que siente por sí mismo justo ahora. “Porque soy un perdedor, y tarde o temprano estaré muerto”.

¿Qué diferencia hará cualquier cosa que intente hacer por la persona que amo? Usted tiene la respuesta. Ninguna.

Recuerde la escena de Tom en 500 Days of Summer cuando se da cuenta de que Summer se va a casar con otro. Se parece más o menos a cuando supo que su ex le superó hace tiempo y ya tiene una nueva víctima. “Soy el héroe de la historia, no necesito ser salvado”. ¿Será?

Repito banda, y de malas. Porque todos sabemos en qué terminan siempre las relaciones amorosas, “pero debí haberlo pensado antes de besarnos”.

“Estoy cansado de pelear por una causa perdida”. Listo, no lo haga más. No se siga haciendo eso. Next!

4. ¡A sacar el odio!

Después de un tiempo, dejará de darse tanto palo y pasará una de dos. O le echará a su ex toda el agua sucia, o repartirá la culpa entre ambos, cosa que me parece más sana, pues si le hicieron hasta para vender fue porque lo permitió, dejémonos de sutilezas. Pase lo uno o lo otro, es ineludible que transite por la etapa del odio, hacia su pareja y hacia usted por pendejo/a. Pero como ya se dio suficiente rejo, es hora de dárselo al/la desgraciado/a ese/a. Hágale, sáquese ese Chucky ya.

Cuando mi gran amigo H. pasó por una tusa de aquellas, ponía una y mil veces esta canción. “A ti no te importa lo que siento, no lo siento más”. Repítalo 50 veces al día hasta que sea cierto.

Esto es insultar con clase y delicadeza. “Eres uno de los errores de Dios”. Magistral.

La que no podía faltar. “Pudimos haberlo tenido todo”. Pero lo arruinaste, imbécil.

Empiece a exorcizarse con “no conozco a nadie que mienta como tú, que con tanta disciplina, precisión y sinceridad”. Ahí no para la cosa, “no entiendo cómo eres capaz de sentirte peligrosa siendo tan vulgar”. Para no extenderme, el título lo dice todo.

Mi frase favorita: “la limosna calma todas las conciencias”.

5. Si se quiere ir, ¡pues que se vaya!

Ahora sí empieza lo bueno. Poco a poco ha ido sobreponiéndose a la ruptura y ya por fin se resignó a que esa persona ya no haga parte de su vida. Estas canciones le ayudarán a hacerlo con la frente en alto, y a que, como diría Andrea Echeverri, pase “a otra cosa, mariposa, que la vida es azarosa”.

Despídase de su ex como los grandes, deseándole lo mejor en su vida. Pero aclarándole de paso que si algún día se decide a volver sumercé para él/ella no estará.

Ahora, si le queda algo de resentimiento en su corazón, sáquese la espinita con esta. Y tíreselo con la sarta de insultos que contiene esta canción. Mi preferido es “¡impotente, hijue…!”

Haga eso o aquello, no deje de ser el alma de la fiesta. Este debería ser su himno. “¿Y qué? Sigo siendo una estrella de rock, y no te necesito”. Funciona, créame.

 “Empiezo una nueva vida, un rompecabezas que tendré que armar…”.

Y no olvide que a la larga, todos los ex terminan en la misma categoría, “alguien a quien solía conocer”.

6. Perdonó, superó y es feliz, solo/a o acompañado/a.

Ahora ya retomó las riendas de su vida, ¡bienvenido al mundo, le estábamos esperando!

El pasado nos recuerda de dónde venimos y quiénes somos, pero en este caso hace bulto y estorba, por eso “a todos nos gusta mirar hacia atrás, pero yo escojo no verte más”.

Roma no se construyó en seis días. Entonces, no se sorprenda si se encuentra dando pasos de bebé. No es fácil superar una ruptura amorosa, hay gente que jamás lo hace. “Solo estoy fingiendo, para después seudo-lograrlo, empezar otra vez, pero esta vez como yo y no como nosotros”.

“La libertad viene cuando aprendes a dejar ir, la creación viene cuando aprendes a decir no”. ¿Así, o más claro?

Un poco de humor negro no le cae mal a nadie, y admitámoslo, nos parece gracioso que a nuestros ex les pasen cosas feas. Así que si algún día se descubre cantando “al principio, cuando te veo llorar me hace sonreír” y pensando en su pesadilla, no se sienta mal. Fresco/a, es parte del proceso.

“Poder decir adiós es crecer”. ¿Algo más que agregar?

  
Y de ñapa, les tengo en exclusiva las que me acompañaron en mi última tusa, de la que por supuesto no les contaré.

Peter Gabriel - My Body Is a Cage (cover de Arcade Fire, me encanta esta versión)


Sé que se me quedan muchas, muchísimas canciones en el tintero, recuerden que esta es nada más mi lista personal. Para complementarla están ustedes, respetados lectores. Así que por favor coméntenme cuáles han sido las bellas melodías que han acompañado sus tusas, por acá, por Facebook, o por donde les dé la gana.